11 febrero 2019,
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Valencia, 11 de febrero de 2019. Día Internacional de la niña y la mujer en la Ciencia.

La primera doctora moderna, Elizabeth Blackwell, recibió su título en 1849. La Facultad de Medicina de la Universidad de Zurich matriculó a las mujeres en 1867. Para aumentar sus oportunidades, las mujeres estadounidenses fundaron 17 escuelas de medicina y 7 hospitales en el siglo XIX, pero el cambio a la medicina científica impulsado por el Informe Flexner provocó el cierre de todas, menos una. Después de 1910 y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, había pocas médicas, y tenían limitadas oportunidades de práctica médica.

Mientras tanto, la anestesia no era una especialidad y muchos anestésicos eran administrados por personal no médico. La necesidad de anestesia médica se estaba volviendo imprescindible para los cirujanos académicos, quienes se dieron cuenta de que la cirugía no podía avanzar a menos que la anestesia mejorara.

Los hombres evitaban la anestesia porque ofrecía un salario mínimo y un bajo estatus en el siglo XIX, pero eso fue una oportunidad para las mujeres. Muchos cirujanos, acostumbrados a las enfermeras, aceptaron a las mujeres como las mejores anestesistas médicas. La primera mujer que se dedicó completamente a la anestesia fue Mary Elizabeth Botsford, doctora de San Francisco, que inició su actividad en 1897. El resultado fue un sorprendente número de mujeres anestesistas médicas entre 1900 y 1948. En 1916, las mujeres constituían el 19% de los miembros de la Asociación Americana de Anestesistas (AAA), pero sólo el 3,6% de los médicos eran mujeres. En algunas áreas (San Francisco), eran mayoría las mujeres anestesistas hasta finales de los años treinta. Hubo incluso tres presidentas de sociedades nacionales de anestesia, entre 1922 y 1930.

La elección de la anestesiología de la doctora Virginia Apgar (1909-1974) se sitúa en este contexto histórico.

La vida de la doctora Apgar fue profundamente moldeada por la historia.
En septiembre de 1929, comenzó los estudios de medicina en el Columbia College of Physicians and Surgeons de Nueva York, al mes, en octubre de 1929, el mercado de valores se desplomó, la Gran Depresión de Estados Unidos comenzó, y sus problemas financieros empeoraron. Gracias a la ayuda de un amigo de su familia, pudo continuar y graduarse en 1933.
Aunque inició la residencia de cirugía en Columbia en octubre de 1933, cuando no pudo ser cirujana, optó por la anestesiología, que necesitaba médicos. Cuando ya no estaba a cargo de la División de Anestesia del departamento de cirugía en Columbia, la Dra. Apgar se trasladó al campo de la anestesia obstétrica, que era un área ignorada. La puntuación de Apgar se desarrolló en ese momento. A los residentes de anestesia se les exigía ahora una rotación en obstetricia, y ella amplió los medios y técnicas disponibles. La idea surgió en 1949 durante el desayuno en la cafetería del hospital. Un estudiante de medicina hizo un comentario casual sobre la necesidad de evaluar a los recién nacidos. Virginia Apgar dijo: “Es fácil, lo harías así“. Ella cogió el trozo de papel más cercano, anotó los cinco puntos de la calificación de Apgar y luego se dirigió corriendo a obstetricia para probarlo. La escala fue publicada en 1953. Virginia Apgar compaginó la asistencia médica con la docencia y fue la primera mujer en recibir una cátedra en la Universidad de Columbia, en 1949.
Diez años después, recién cumplidos los 50 años, la Dra. Apgar fue a la Escuela de Salud Pública de Johns Hopkins para obtener un master en salud pública. El nuevo programa de defectos de nacimiento de la Fundación Nacional le ofreció otra oportunidad, fue jefa de la División de Malformaciones Congénitas. En 1967 fue designada Directora del Departamento de Investigación Básica de la Fundación y al año siguiente, nombrada Vicepresidenta de Asuntos Médicos. Su prestigio y el enérgico programa de charlas aseguraron que el reconocimiento y la financiación de la investigación sobre defectos congénitos aumentara considerablemente durante su permanencia en la Fundación.

 

El gran talento y la personalidad única de la Dra. Apgar le permitieron aprovechar estas oportunidades y convertirse en la anestesióloga más recordada.



 

Bibliografía:

Virginia Apgar. A Proposal for a’New Method of Evaluation.of the Newborn Infant. PDF

A History of Women in American Anesthesiology

Selma H. Calme M.D. Virginia Apgar, M.D.: At the Forefront of Obstetric Anesthesia PDF

Thomas F. Baskett. Virginia Apgar and the newborn Apgar Score. Resuscitation 47 (2000) 215–217.

 

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